Con el auspicio de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta y la Secretaría Distrital de Cultura, Patrimonio y Turismo

 

Luego  de su exitosa muestra durante el mes de agosto y septiembre en la ciudad de La Habana en muestra realizada en el Centro Hispanoamericano de Cultura a instancias de la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana y la Embajada de Colombia en La Habana, esta muestra de la pintora barranquillera Rosario Heins viene a los espacios de Galería y Pinacoteca de la Aduana en el marco de la programación de la Biblioteca Piloto del Caribe.

 Desde su época de destacada dibujante entre los miembros de su generación en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, Rosario Heins nos ha ofrecido siempre la grata noticia de un trabajo que tiene una importante marca personal que singulariza la elección de su mirada, el arduo trabajo de su dibujo y su pintura y un ámbito cultural y estético que le viene desde dentro, de un temperamento forjado en la luz, el calor, la música y la vida del Caribe colombiano.

Y allí está su obra como prueba inequívoca. Primero fueron aquellas negras palenqueras dibujadas al carboncillo, abiertas las sonrisas y con la carga de frutas tropicales en sus cabezas o entre sus piernas; luego fue interesante ver cómo de aquella composición, una que otra cosa, de forma aleatoria y desprevenida, empezaba a iluminarse de color de manera casi inevitable, pero tímidamente.

Así, en cada exposición suya los colores se iban tomando aquellos hermosos dibujos en blanco y negro, poco a poco, para empezar a dar un giro no sólo cromático sino conceptual a ese nuevo momento de su trabajo que resultó ser muy bien recibido por el público en las galerías colombianas e internacionales. Es decir, sus dibujos de negras y frutas en blanco y negro, que eran ya un referente en años anteriores, ahora se habían transformado en unas obras de colores espectaculares que ofrecían nuevos ángulos, nuevos detalles, nuevas ideas, que el dibujo y el acrílico explosivo disparaban a niveles extraordinarios de belleza y expresión.

 

Nuevos matices y nuevas variaciones se sucedían en esta misma línea de trabajo que fueron llevando el oficio de la Heins a otros planteamientos técnicos y conceptuales, como cuando empezó a fragmentar aquellos mismos motivos que venía trabajando pero deteniéndose ahora obsesionada en el vuelo de una falda, en una mano, un rostro, una bolsa de mamoncillos, en el corte de una fruta, en el conjunto repetido de una misma fuente con tomates de árbol que le daban a la cosa una cierto ademán pop que enriquecía sensiblemente las ideas estéticas de su trabajo.

En un penúltimo momento, Rosario Heins puso el interés de su mirada en otro motivo, también negro, también popular, que fueron los negros pintados de negros, como extraños minstrels en el Carnaval de Barranquilla, procedentes de la Danza de negros del Canal del Dique, al sur de las provincias de Atlántico y Bolívar en el Caribe colombiano, hasta llegar ahora a este nuevo momento de su trabajo con el que la artista hace su Habana.        

 En este sentido vale la pena recordar lo que alguna vez ella misma nos decía a este respecto, apuntando ahora precisamente a su nuevo motivo: “en este mi trabajo más reciente, sigo apropiándome de todos los elementos naturales y culturales de mi Caribe, vertidos en la luz directa que cae sobre los vendedores callejeros ubicados en  la playa; sobre las palenqueras que con su andar cadencioso ofrecen sus frutas y dulces a la sed y la curiosidad de los turistas; sobre los vendedores de flotadores con su carga a cuestas haciendo de ellos mismos  personajes especiales que desaparecen graciosamente bajo las  formas y el volumen de su mercancía, como fantasmas que solo flotan a través de sus piernas, produciendo figuras extrañas a medida que caminan o se alejan”.

 La artista define puntualmente en el anterior pasaje qué es lo que ha visto en su nuevo motivo, y también cómo ese nuevo motivo hace parte del contexto de la búsqueda de siempre de su misma mirada. Lo interesante aquí es el desarrollo técnico que logra Rosario Heins con el color al volver el acrílico casi una aguada transparente que permite ver a plenitud el prodigio del dibujo, y que en este caso le atenúa a la obra la probable distracción que puede significarle el delirio de los colores plenos a un tema más bien doloroso. Pero como dice Rosario: “la belleza está en todas partes, aún en los sitios y situaciones más insospechadas; por eso, ese trabajo informal conocido entre nosotros como El Rebusque viste también al Caribe colombiano de color, de sabor y de alegría, inundando el paisaje urbano y humano de voces y risas y ritmos en un escenario de sol y mar”. Por supuesto, siempre hay otra lectura: la pobreza que se esconde bajo aquella leve carga de colores vivos, parece sugerir una nueva fantasmagoría de la miseria en las playas del Caribe.

 (Texto de Miguel Iriarte escrito para el catálogo oficial de La Habana)

Por su parte, el periodista y crítico cultural cubano Tony Piñera publicó en la edición del día 20 de agosto del diario Granma el siguiente texto:

…En estos días de intenso verano, una reconocida artista colombiana nos invita, desde sus pinturas y dibujos, a disfrutar de un “baño” singular, más que de mar, de arte. Porque detrás de las disímiles tonalidades brillantes que aparecen en esta época del año por nuestro Caribe, el juego de texturas y formas, hay mucho más que ella descubre, y nos entrega para reflexionar. En la playa, se titula la singular muestra de Rosario Heins…

 …Con un talento nato, Rosario Heins consigue atrapar, no únicamente la luz, sino también el aire que envuelve a sus personajes: vendedores, pregoneras… de las playas del Caribe colombiano, de forma original.

En ese paisaje costero, la artista…enfoca su mirada y pincel hacia detalles que le interesa resaltar en sus variadas y personales composiciones. Es como si desmembrara la realidad en fragmentos: pueden ser las manos, o las piernas, el ropaje o un elemento cualquiera de la naturaleza, donde se añade, además, la riqueza de texturas.

De la técnica, baste resaltar el excelente dibujo como base de sus trabajos, donde despliega el acrílico cual transparente aguada que deja ver un poco más allá de las “pieles” de sus piezas, en las que magistralmente suma tonalidades de su propio temperamento artístico. A tal punto, podemos sentir el ambiente vibrante como si lo estuviéramos presenciando.

Es que somos parte del seductor espectáculo, pues su obra más reciente se acerca aún más al espectador volviéndose más dinámica. El movimiento y el calor humano están siempre presentes.

 

 

 

 

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