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Por Jorge Villalon y Alexander Vega

 

Con mucha satisfacción presentamos la obra completa de José Agustín Blanco Barros, uno de los más destacados intelectuales colombianos del siglo XX, oriundo de Sabanalarga en el Departamento del Atlántico en la parte norte de Colombia a orillas del Mar Caribe. A este trozo de tierra y agua el autor le ha dedicado la parte más importante de su trabajo investigativo. El período de tiempo que cubre su trabajo geográfico e histórico son alrededor de tres siglos, desde la llegada de los primeros españoles en 1501 hasta la crisis de la Independencia a principios del siglo XIX, período que la tradición académica denomina época Colonial. Como editores de su obra, consideramos oportuno presentar al amplio público de lectores una visión general de su trabajo, como también las razones que nos llevaron a la decisión de hacer una compilación de todos sus escritos producidos desde hace cinco décadas para ponerlos al alcance de los habitantes del Departamento del Atlántico, de los estudiosos de la época colonial y del público en general. La obra comprende una variedad de artículos sobre temas geográficos, históricos y paleográficos que fueron publicados por el autor en diversos medios cuando se desempeñó como profesor universitario en importantes centros educativos de la capital del país. De antemano queremos agradecer al profesor José Agustín Blanco Barros, a su esposa Beatriz Barón y a toda su familia, por haber aceptado la propuesta de publicar las obras completas de su autoría, de igual manera, por la confianza depositada en nosotros para llevar a cabo esta loable empresa.

El propósito inicial de esta edición es conservar la memoria de aquellos autores oriundos de nuestra localidad y región, que han dejado una huella indeleble en el campo del conocimiento científico y cuyas obras merecen perdurar en el tiempo. Es nuestro deseo que los ejemplares de la presente edición reposen en los anaqueles de las bibliotecas de las escuelas de cada uno de los 22 municipios que conforman nuestra territorialidad y del Distrito de Barranquilla, y que sirva de material de consulta a jóvenes inquietos que quieran conocer las raíces de nuestra tradición y puedan comprender cómo ha evolucionado la sociedad desde los tiempos coloniales con sus ritmos de crecimiento demográfico, la dinámica del mestizaje y su importancia histórica cultural. Además de cómo ha sido nuestra relación con la tierra, tema de capital importancia que nos invita a reflexionar sobre el futuro de nuestra región. Todo lo anterior con el ánimo de explorar las posibilidades que tenemos en la actualidad ante un mundo que experimenta importantes cambios.

 Su formación académica la hizo en Bogotá en la famosa Escuela Normal Superior de Colombia, en donde en 1950 se graduó como Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas. Al principio, su interés académico preponderante fue la docencia en varias instituciones de Bogotá y Tunja, donde enseñaba geografía y cartografía. También trabajó como investigador en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y durante un tiempo fue presidente de la Asociación Colombiana de Geógrafos, institución que lo hizo miembro honorario en 1998.

Con base en su formación académica y práctica docente, la primera publicación ocurrida en 1958 versó sobre geografía y lleva por título Colombia marítima, en donde llama la atención sobre el olvido del mar por parte de las autoridades de Colombia y porque este no figuraba en los planes educativos del país.[1] En ese mismo año en el mes de Abril, viaja a Japón con una beca de la Unesco y permanece dos años en la Universidad Imperial de Tokio, una estadía que jugó un papel muy importante en su proceso de formación. A menudo se refiere el autor a este evento como un eslabón significativo en su vida académica. Sus estudios los hizo en inglés en el marco de un programa de entendimiento entre Oriente y Occidente. Aprendió geografía del Japón, se enteró de investigaciones del cultivo del té y de arroz en pantanos, y hasta realizó un viaje a Soporo en la isla de Hokaido en Enero de 1959 para experimentar el invierno en el hemisferio norte.

De regreso a Colombia se hizo cargo de la Oficina de Estudios Geográficos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y publicó en 1968 nuevamente sobre el tema del mar con un estudio sobre corales y arrecifes.[2] En este mismo año, al parecer de mucha actividad, publica un trabajo sobre la clasificación de los climas en Colombia con base a las teorías de varios autores extranjeros.[3] En los cuatro años siguientes se dedicó más a leer que a escribir, ya que hizo algunas traducciones del inglés para reforzar su trabajo como docente. Entre estos autores hay una importante obra del geógrafo anglosajón R.A. Donkin, de quien suponemos aprendió muchísimo y de alguna manera influyó en las investigaciones posteriores, sobre todo en la utilización del concepto de poblamiento, que se constituye en un concepto importante en sus futuras investigaciones y que al mismo tiempo lo acercaba a la historia, toda vez que el poblamiento es un proceso humano que tiene lugar en un espacio y en un tiempo determinado, no en aquel tiempo largo del observador de la geografía, sino en el breve tiempo de los hombres que necesitan obtener de la tierra lo necesario para su sustento.[4] Hasta 1970 continuó interesado en los grandes geógrafos del extranjero, especialmente de aquellos que hasta ese momento se habían ocupado del territorio colombiano, como James J. Parsons, Brian Moser, R. Braun, entre otros. El trabajo de traducir estos textos formaba parte de la actividad docente, resúmenes y síntesis con lo cual dictaba sus clases y que en algún momento se convirtieron en artículos. [5] De esta inquietud salió un texto sobre varios de ellos que hicieron investigaciones en Colombia después de 1945.[6] Alrededor de 1970 termina esta fase de geógrafo para adentrarse en el mundo de la historia, aunque siempre estará presente su apego al ambiente físico como escenario de las actividades humanas.

 

En algún momento, quizás motivado por los trabajos traducidos de Donkin y Parsons, se interesó por el proceso de ocupación del territorio de Tierradentro, es decir del actual Departamento del Atlántico, e inició en el año 1967 una investigación sobre el proceso de poblamiento bajo el gobierno del Virrey Sebastián de Eslava. En el Archivo General de la Nación desempolvó un valioso documento colonial olvidado por mucho tiempo. Según el mismo recuerda, después de “Varios años de paciente búsqueda”, que fueron cinco en total, duró la búsqueda que culminó con el hallazgo de unos 70 documentos relativos al primer censo que realizaron los españoles en el año de 1777. Cuando se produce este importante hallazgo en los archivos, estaba leyendo un libro que, según el mismo recuerda, fue quien más lo inspiró en su trabajo posterior. Se trata de un artículo sobre geografía histórica del año 1941 que leyó siendo director del Departamento de Geografía de la Universidad Nacional, escrito por el norteamericano Karl Sauer, quien entiende su disciplina como una reconstrucción de paisajes del pretérito, siendo el concepto paisaje equivalente al de Landscape del inglés o el Landschaft del idioma alemán. A partir de este punto deduce con base en Sauer que “la geografía histórica es una geografía regional”. Con este fundamento teórico quedaba abierto el camino para sus planes de indagar sobre la evolución de los paisajes del Tierradentro.

 Finalmente, en 1972, publicó en forma de artículo un trabajo sobre este censo en el Departamento del Atlántico.[7] Con este estudio comienza el autor una serie de investigaciones cada vez más históricas sobre los pueblos, encomiendas, sitios, haciendas, etc., localizados en Tierradentro. El resto del archivo lo guardó para posteriores publicaciones y el de la localidad de San Basilio de Palenque lo empastó en color rojo y lo llevó personalmente a la casa de la cultura del lugar en donde en el acto de entrega participaron niños jóvenes y viejos.

 En el prólogo de su trabajo sobre el censo de 1777 en el Atlántico, se plantea a si mismo una exigencia metodológica propia de un historiador cuando escribe que: “..procuraremos basarnos estrictamente en la documentación, hasta hoy toda inédita”. Agrega, además, que “… lo que nos ha animado en estas búsquedas e investigaciones es un indestructible afecto terrígeno, que procede de la arcilla misma del Departamento del Atlántico y de generaciones que desde hace centurias de ella se han nutrido”. Con esta casi una declaración de amor a su tierra, inicia el autor un recorrido por toda la historia colonial de Tierradentro, con una pasión que lo acompaña hasta el día de hoy.

Hasta 1988, los textos que se publicaron pueden ser considerados como historiográficos, en el sentido en que contienen el tiempo humano como tema central. En su búsqueda de documentos sobre Tierradentro en los archivos de Bogotá, encontró nuevos textos coloniales, como por ejemplo el texto titulado Noticia Historial de la Provincia de Cartagena de las Indias año 1772 de Diego de Peredo, sobre el cual escribe una nota de presentación en una revista.[8]

Luego hay un silencio de cómo cinco años hasta que en 1977 publica una monografía sobre los orígenes de Sabanalarga, su pueblo natal. Se trata de un estudio monográfico sobre un municipio del Atlántico y por primera vez se observa que se ajusta a la metodología propia de un historiógrafo de formación clásica.[9] Revisa los estudios previos  del tema, elabora un estado del arte y luego incorpora información de archivos. Pretende, además, romper con mitos, leyendas y versiones anteriores que no muestren soportes documentales. El trabajo de búsqueda de la documentación en la Biblioteca Nacional y en el Archivo General de la Nación (AGN) comenzó, según sus propias palabras, en 1965, es decir, de manera simultánea estuvo trabajando en varios proyectos. En esta obra logra establecer con bastante exactitud los inicios de la vida urbana de Sabanalarga a fines de 1743 y principios de 1744, después de repetidos intentos de la Corona Española por agrupar en un solo lugar a los habitantes esparcidos alrededor del núcleo central que había surgido a partir de 1620. Al final de libro, a la manera de un colofón, el autor se refiere a un asunto relacionado con el mismo en su condición de hombre de letras o intelectual. En el habla popular de Sabanalarga y en lugares vecinos como Barranquilla, se escucha el dicho “En Sabanalarga la inteligencia es peste”, y como demostración se mencionan algunas personalidades que se han destacado en diversas actividades intelectuales en la época republicana. En el censo de 1777 no figura ningún “estudiante” en el empadronamiento que hiciera García Turín, pero ya en 1839, Juan José Nieto dice que ya tienen fama como gente ejemplarmente estudiosa en la Universidad de Cartagena fundada en 1828. ¿De dónde provino esta tradición? La explicación se encuentra asociada a la etapa final de la guerra por la Independencia cuando llegaron a Cartagena un grupo de profesores provenientes de España quienes estaban inspirados en la Ilustración española que consideraba a la educación como el inicio de cualquier proyecto económico o político. Cuando supieron que Bolívar se había tomado Bogotá, varios de ellos no quisieron regresar a España y gracias a la amnistía del Libertador optaron por irse a Sabanalarga, en donde ya residía el sacerdote Julián José Pertuz, con una gran vocación de enseñar y que venía promoviendo un colegio parroquial. Pero no solo educadores, sino que también “nobles familias españolas” se establecieron el el Sitio de San Antonio de Padua de Sabanalarga y le dieron cierta categoría. Un buen ejemplo es el caso de la hermana de este educador, doña María Josefa Pertuz Ahumada, quien se casó con el teniente español José Vicente Llinás, de donde provienen varias generaciones de desatacados intelectuales. Con base a lo anterior, podemos afirmar que José Agustín Blanco nace en un lugar muy propicio para el desarrollo de actividades relacionadas con su oficio de geógrafo, historiador y educador como su mismo padre José Agustín Blanco Básquez, quien fue uno de los fundadores del Colegio Biffi de Barranquilla a fines del siglo XIX.

En 1980 continúa en la misma línea y publica un artículo sobre el municipio atlanticense Santa Ana de Baranoa, en cuya introducción hace una serie de planteamientos que se pueden considerar como el establecimiento de un gran proyecto de investigación cuyo objeto es el Departamento del Atlántico. Se refiere por primera vez al olvido de esta sección del país por parte de la historiografía colonial “… la cual aparece como un inmenso y lamentable vacío en el conjunto de la historia nacional..”. Como una respuesta a este olvido, agrega que “Nos hemos propuesto exhumar del olvido y del polvo en que se encuentra sepultada, la mayor cantidad posible de información referente a la preciosa historia colonial del Departamento del Atlántico”.[10]

Respecto a su oficio, declara que mucha modestia que “No somos historiadores profesionales ni mucho menos. Nuestra disciplina es la geografía y dentro de ella trabajamos con los conceptos y métodos de la geografía cultural”. Sin embargo, reconoce la necesidad de considerar el tiempo humano en sus investigaciones, toda vez que insiste en que lo que le interesa profundamente es el “complejo proceso de poblamiento de Colombia”, para lo cual “La dimensión de tiempo que le es tan esencial nos obliga, pues, a trajinar y no de cualquier modo en el campo de la documentación histórica”. Además de señalar claramente la metodología, declara finalmente que su propósito quedará satisfecho “cuando lleguemos a cubrir todo el poblamiento atlanticense a lo largo de los siglos XVI, XVII, XVIII.”

Consecuente con el programa de investigación que el mismo se impuso, para el año 1984 ya estaba terminado su trabajo mas extenso, y quizás el más complejo, titulado El Norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla, que fue publicado por el Banco de la República en 1987 y que puede considerarse como el punto culminante de su vocación historiográfica. Como en los trabajos anteriores, y debido a su condición de pionero, la parte más ardua y laboriosa fue sin duda la investigación de archivo, cuando recuerda que “..tuvimos que aprender trabajando, pedir consejo y crítica, estudiar paleografía y recorrer infinitos vericuetos por entre el abrumador material archivístico”.[11]

Mientras estaba en imprenta el trabajo anterior, publicó dos artículos que se derivan del libro que estaba a punto de publicarse, seguramente notas dispersas que fue juntando sobre determinados aspectos. El primero se trata de una curiosa e interesante publicación sobre el preponderante papel de las mujeres en el trabajo de labrar la tierra, de cuidar los sembrados, de limpia, de la cosecha, etc., ya que el indio prefería la pesca o la caza y era agricultor de tiempo parcial.[12] El otro artículo es una especie de resumen comentado respecto a los orígenes de Barranquilla, con base a una conferencia que dictó en Barranquilla y que publicó la Cámara de Comercio de la ciudad. Es interesante destacar que en este artículo menciona documentos que le fueron enviados desde el Archivo General de Indias en Sevilla, con los cuales pudo complementar la información obtenida en Colombia.[13] También como una derivación del tema de Barranquilla, escribió un artículo en donde compara la Hacienda de San Nicolás y la Majagual en el siglo XVII.[14]

 En el mes de Enero de 1986 escribe el prólogo de su libro El Norte de Tierradentro, en el cual se revela su grado de madurez y seguridad como historiador. En este prólogo, el autor consigna varias ideas que es necesario presentar de manera detallada ya que nos permiten ir más a fondo en  sus convicciones respecto al la historia del Departamento del Atlántico en la época colonial.

En primer lugar, establece una relación entre Tierradentro y la ciudad de Cartagena durante todo el período colonial, como dos elementos geográficos que forman una unidad y que deberían estudiarse de manera integral. Según el autor, durante la época colonial Cartagena de Indias “Era la ciudad vigorosa y profundamente contrastada  con su entorno o hinterland tierradentrano, rústico y agropecuario”. Y continúa diciendo que “Su interpenetración socioeconómica , como de la cabeza y el cuerpo, era sólida y solo vino a aflojarse , hasta disolverse, ya iniciado el siglo XX”. Esta propuesta metodológica es novedosa porque hasta el momento de publicarse el libro en 1987, y hasta el día de hoy, en la tradición investigativa de los estudiosos de la historia de Cartagena de Indias distinguen solo dos zonas, “la primera que se encaminó por la zona oriental hacia el sur de la gobernación, es decir el Río Magdalena, que culminó con la fundación de Santa Cruz de Monpox y  la segunda zona se extendió hacia el occidente, buscando la región sinuana”.[15] Tierradentro queda al margen de esta visión de Cartagena en la época colonial, algo así como en un rincón olvidado y sin mayor importancia frente al gran tráfico de Cartagena hacia el interior del país o hacia las fértiles y ricas llanuras del Río Sinú. Como se dijo más arriba, Tierradentro también forma parte de la dinámica de Cartagena, que no era solo económica, sino que también administrativa, religiosa, comercial y cultural. El olvido de Tierradentro, o Departamento del Atlántico, no es solo por parte de la mayoría de los historiadores del interior de Colombia, sino que también por los académicos dedicados a la historia colonial de Cartagena de Indias. En un estudio hecho en 1993 por el historiador Bernardo Tovar de la Universidad Nacional de Colombia, que tiene como objetivo “detectar los principales temas de historia colonial que han sido objeto de investigación por parte de historiadores nacionales y extranjeros durante la segunda mitad del siglo XX”,[16] no se incluye la obra de José A. Blanco, sino apenas su nombre en un listado de alumnos de la Escuela Normal Superior. [17]

Pero este olvido no es solamente por parte de los historiadores de la capital del país, sino que también de la Región Caribe. Desde 1998, por ejemplo, el Banco de la República con la Universidad Jorge Tadeo Lozano han realizado varios seminarios sobre la historia de Cartagena, y en los dos tomos publicados hasta ahora correspondientes al siglo XVII y XVIII, no aparecen referencias a los trabajos de José A. Blanco, aunque algunos de los participantes de los seminarios lo conocen personalmente.[18] Hay que mencionar que el Área Cultural del Banco de la República de Cartagena organizó en Octubre de 2008 un seminario sobre investigadores en antropología y geografía sobre la región Caribe en el cual se incluyó una conferencia sobre la vida y la obra de José Agustín Blanco. Si se incorpora Tierradentro como parte integrante de la historia de Cartagena colonial, tal como lo propone el autor, significaría un enriquecimiento de la comprensión que se tiene hoy sobre la ciudad amurallada durante la Colonia. Es muy probable que este olvido de Tierradentro y de la obra de Blanco se explique por la pésima circulación de sus trabajos, los cuales son muy difíciles de obtener y que justifica nuestro esfuerzo de hacer una edición de toda su obra.

La otra idea que se destaca es la comparación entre la época colonial y la republicana en la relación de Tierradentro con Cartagena y a partir del siglo XIX con Barranquilla, lo cual esclarece bastante la dinámica histórica de esta parte del Caribe Colombiano y en particular sobre el destino de sus ciudades y pueblos. Hasta la Independencia, Cartagena fue sin duda el referente principal para Tierradentro, y Sabanalarga era la población con mayor actividad económica, administrativa, religiosa y cultural de Tierradentro. A mediados del siglo XIX se produce un cambio y Tierradentro dirige su mirada hacia Barranquilla, la cual comenzaba un proceso de actividad comercial y portuaria que la convierte en el centro urbano más importante de la región caribe en el siglo XX. A propósito de esto, hay un interesante pasaje en donde Blanco intenta explicar este auge de Barranquilla, considerando su condición de sitio de libres en comparación con  el pueblo de indios de Malambo:

“La misma naturaleza de Malambo, una comunidad de indios sometidos a la rígida institución de la encomienda , que les regimenta y controla la existencia los siete días de la semana, que los inhibe para un crecimiento demográfico significativo, mientras los libres de las Barrancas de Camacho, o San Nicolás se multiplican en las más diversas maneras y, además, gozan de una amplia dinámica de movimientos, es la razón para que el primero – el pueblo de aborígenes – se estanque, entre en decadencia y pierda su condición de puerto obligado, cediendo su papel al sitio de libres situado río abajo, caótico, pero poseedor de una energía histórica que se renueva constantemente y le permite asumir con firmeza su papel en un plazo breve”.[19]

En El Norte de Tierradentro, Blanco vuelve a reafirmar su fidelidad a la fuentes documentales sin abandonar su condición de geógrafo, y en donde mejor se muestra es en “Los recorridos personales por todo el ámbito de estudio…”. Entre sus amigos y colaboradores más cercanos es conocida esta faceta de Blanco como un auténtico geógrafo de formación clásica, que lo llevó a ser uno de los más conocedores de todos los caminos y rincones de Tierradentro. En una oportunidad decidió buscar a pié el lugar en donde debió haber existido el caserío de Malambo, en donde el arqueólogo Carlos Angulo Valdés demostró que allí se inició el cultivo de la Yuca un milenio antes de Cristo. Con la ayuda de habitantes del lugar pudo imaginarse en un determinado punto la vida de los indígenas en su aldea hacía unos tres mil años atrás. A menudo sorprendía a más de un asistente a sus conferencias con explicaciones muy precisas de ciertos lugares de Tierradentro, que demostraban que conocía mejor la geografía que los propios habitantes.

Cuando El Norte de Tierradentro comenzó a circular en Barranquilla produjo mucha inquietud en el ambiente intelectual de la ciudad. Hasta ese momento, los orígenes de la ciudad se explicaban a través de la tradición oral en mitos y leyendas transmitidas de una a otra generación,  hasta que el insigne abogado Domingo Malabet las recogiera en un texto escrito en 1891 y publicado en 1922 por Vergara y Baena.[20]

Según esta versión, y con base a un párrafo de Juan José Nieto, Barranquilla habría sido fundada en 1629 y habría tenido su origen en unos ganaderos de Galapa que se desplazaron hasta el río en busca de pastos para sus animales. La actitud de Blanco ante esta versión fue muy atenta y cuidadosa, y le sirvió de guía inicial en su trabajo de búsqueda de documentos en el Archivo General de la Nación, hasta que finalmente pudo distinguir entre mito y realidad, para entregarnos su versión de los orígenes de Barranquilla basada en documentos de archivo.

Definitivamente, en el lugar en que surgió Barranquilla, existió al menos un pueblo de indios llamado Camacho. La evidencia documental consiste en una carta fechada en 1560 de Ana Ximenez, viuda del capitán Domingo de Santa Cruz, dirigida al Oidor Melchor Pérez de Arteaga para reclamarle su derecho a disfrutar de la encomienda de Camacho heredada de su esposo, cuyos indios fueron llevados de manera ilegal a Galapa Pedro de Barros, alcalde Cartagena en ese momento. Esta carta hace mención de la existencia de una encomienda, la institución que permitía a los españoles apropiarse de la mano de obra aborigen y que en este caso tuvo una duración efímera de aproximadamente diez años. Este pueblo de Camacho desapareció por un abuso de autoridad de parte del encomendero del vecino pueblo de indios de Galapa, Pedro de Barros, que –valiéndose de su investidura de poder- se apropió de la mano de obra aborigen de la encomienda de Camacho, de la cual obtenía su sustento la viuda de su primer dueño. Esta circunstancia permite comprender la ulterior e inmediata transformación del antiguo pueblo de indios de Camacho en un sitio de libres, es decir, en un lugar poblado por mestizos que compartían un mismo espacio geográfico y vivían en forma espontánea y desorganizada al margen de las autoridades españolas. Con esta carta se pudo comprobar que en el llamado centro histórico de la ciudad  existió un asentamiento indígena “..cuyos comienzos se hunden profundamente en la cronología de la historia”. Estos antecedentes obligaron a historiadores y arqueólogos a replantear sus investigaciones y reformular las teorías sobre los orígenes de Barranquilla.

Estos aportes documentales de Blanco corroboraron, además, los resultados de excavaciones arqueológicas de Carlos Angulo Valdés sobre la existencia de asentamientos indígenas anteriores a la conquista, y entre estos hallazgos el protuberante descubrimiento de un cementerio indígena en el Barrio Abajo que hizo en 1898 el ingeniero Antonio Luis Armenta. Respecto a los mitos y leyendas en el proceso de comprensión del pasado, Blanco nos deja una gran enseñanza. El relato de Domingo Malabet contiene ciertos elementos que los archivos demuestran su veracidad, como por ejemplo la fecha de 1629 como probable año de fundación. La documentación demuestra que efectivamente en esos años el encomendero de Galapa don Nicolás de Barros mandó a construir una casa de dos pisos de 18 metros de largo por 12 de ancho, destinada a la actividad agropecuaria y ubicada cerca de un caño que comunicaba con el Río Magdalena. Respecto a fechas, Blanco llega a “..la conclusión final, importante para la historia de los orígenes de Barranquilla, es que la hacienda de “San Nicolás” fue establecida después de 1627, como mínimo y varios años antes de 1637, como máximo”. Es decir, la fecha que nos transmite la leyenda, que primeramente recogiera Juan José Nieto y reprodujera Malabet,  se ajusta bastante al dato de los archivos. Sin embargo, hay que decir que se trató de la construcción de una casa y no de la fundación de una ciudad. Seguramente, y tal como lo afirma el propio Blanco, esta construcción dinamizó las actividades del poblado que existía allí y “desempeñó un papel primordial” en la formación y evolución del caserío de Barranquilla.

En la década posterior a 1987 continuó trabajando como historiador y publicó varios artículos sobre sitios específicos y aspectos puntuales. En 1987 le dedica un artículo al sacerdote Luis Beltrán, quien desarrolló una valiosa labor en el siglo XVI en el Departamento del Atlántico en la encomienda de Tubará.[21] El tema del poblamiento del territorio colombiano sigue siendo de su interés y en 1988 le dedica unas páginas precisamente al funcionario español Antonio de Latorre y Miranda, quien estuvo en Cartagena y en los Llanos Orientales ocupado de estos asuntos.[22]

En estos años volvió a interesarse por geógrafos extranjeros, especialmente de aquellos que visitaron o escribieron sobre la región. Tal es el caso de un trabajo de James J. Parsons sobre el Valle del Sinú, en donde se utiliza el concepto de “poblamiento”, que es utilizado de manera recurrente por Blanco.[23]

En este período, a principios de los noventa, en medio de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América, comienza como a revisar su estante y va sacando cosas de muchos años atrás, las organiza en forma de artículos y las publica. Del primer censo de la época colonial en 1777 publicó un trabajo, y otro dedicado al censo de Cartagena de Indias.[24]

A propósito de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento, el gobierno colombiano le encargó la tarea de hacer un atlas histórico de Colombia, que significó un gran acto de reconocimiento por parte de las autoridades a su condición de geógrafo e historiador. El resultado fue una bella obra con mapas históricos relativos al momento de la llegada de los españoles que fue enviada a instituciones y personalidades de Colombia y del mundo. Lamentablemente el público colombiano no ha podido disfrutar de este trabajo cuya reedición solo puede realizarla una instancia estatal por lo costoso del proyecto.[25]

En los últimos 15 años se ha dedicado a varios proyectos combinando sus dotes de geógrafo e historiador. Continuó interesándose por pequeños municipios y poblados del Departamento del Atlántico y de otros lugares de la región, con interesantes observaciones sobre la geografía, los orígenes y sobre todo valiosas referencias sobre fuentes documentales que serán de mucha utilidad para futuros investigadores.[26]

De estos artículos destacamos dos que se refieren a Barranquilla. En el primero de ellos, Conquista y Poblamiento de Barranquilla, Blanco Barros se refiere al proceso de encuentro de los españoles con los indígenas y a las nacientes dinámicas poblacionales resultado de la mezcla de estos grupos humanos. A partir de lo que ya había escrito en el Norte de Tierradentro, incorpora nuevos elementos y revisa textos de otros autores sobre el tema. Hace mención, por ejemplo, a la más antigua referencia documental que se tenga conocimiento acerca de los orígenes de Barranquilla, que es la crónica del capitán de guerra español, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, quien describió la exploración que hiciera en el norte del actual Departamento del Atlántico el conquistador Pedro de Heredia un par de meses antes que decidiera fundar Cartagena de Indias el 1º de junio de 1533. Al parecer y antes de dar origen al vecino puerto, Heredia estuvo en un lugar donde durmió junto con su tropa y se cree que ese sitio corresponde a Barranquilla -en la actual zona de los caños- donde encontró un varadero de canoas. Este sitio era empleado por los aborígenes para hacer intercambio de productos del mar y de pesca.

El segundo artículo titulado, Geografía Física de Barranquilla, describe Blanco Barros las características generales del espacio geográfico de la ciudad, señalando cuáles son sus coordenadas y su relación con sus condiciones climáticas; como también nos habla acerca de la evolución geológica de nuestro territorio y su relación con los cambios de orden telúrico que se dieron en el planeta desde tiempos muy antiguos. Datos curiosos e interesantes como por ejemplo cuando afirma que Barranquilla se encuentra ubicada sobre un plano inclinado, cuyo punto de menor inclinación está localizado hacia el río Magdalena; nos menciona también sobre los diferentes cursos que ha tenido el Magdalena a lo largo de toda su evolución y los cambios que ha generado en el territorio del Departamento del Atlántico, particularmente en el litoral. De igual forma, el autor destaca la importancia geográfica de los caños localizados en la zona del viejo mercado público como el de la Ahuyama, caño Arriba, de los Tramposos, de las Compañías, etc. Como bien es sabido esta red de caños se originaron gracias al hecho de que en el centro de la ciudad existió una hermosa ciénaga que desapareció, de la cual da testimonio Domingo Malabet en su famoso escrito sobre los orígenes de la ciudad. En este punto trata también acerca de los arroyos de Barranquilla, como una característica geográfica propia de nuestra ciudad.

En los últimos años también se dedicó al género de monografías sobre los lugares más importantes durante la época colonial, tal como ya lo había hecho con Sabanalarga y Barranquilla. Entre estos se destacan dos, uno dedicado a Tubará y el otro a Juan de Acosta, los cuales merecen un comentario especial. En primer lugar Tubará, que en el siglo XVI era el sitio más poblado de Tierradentro y en donde se estableció la encomienda más grande.[27] En esta obra utiliza la misma metodología de El Norte de Tierradentro, es decir, un estudio sobre la geografía del entorno del poblado en donde muestra sus documentados conocimientos sobre geología, suelos y vegetación, luego los conocimientos obtenidos por los arqueólogos Carlos Angulo Valdés y Gerardo Reichel- Dolmatoff, hasta el proceso histórico de poblamiento español por medio de las encomiendas. En esta obra incluye como capítulos especiales aspectos novedosos como la demografía y las viviendas, las misiones religiosas y las relaciones económicas entre los indios y los encomenderos. El libro incluye, como ya era su costumbre, una selección de los documentos más relevantes sobre la historia de Tubará. Dicho por el propio autor, esta obra se hizo durante varios años contando con el apoyo de la Universidad Javeriana, del Archivo General de la Nación y de personas de la región, como Claudio Ropain de León, José Lobo Romero y los lugareños Clemente Mendoza y Adolfo León Bolívar, con quienes hizo un recorrido por el lugar observando los vestigios aun existentes en 1989. El autor nuevamente reflexiona sobre aspectos disciplinarios y de método diciendo que “Esta no es una historia pura ni tampoco una geografía pura, tales, como las concebirían los autores clásicos de esas vertientes de la ciencia”, subrayando el mismo la palabra pura e insiste en que se trata de una Geografía Histórica. Al reconocer a Tubará como el pueblo de indios con mayor cantidad de población en Tierradentro, y también como la encomienda mayor de Tierradentro, vuelve el autor a insistir en la necesidad de relacionar a Tubará con Cartagena de Indias como  “La única urbe de la región – en un sentido muy general” en donde el papel de el “apreciable núcleo de moradas, casas de comercio, plazas, fortalezas, habitantes e instituciones, fueran algo esencialmente diferentes y estuvieran divorciados de sus entornos rurales, de su Hinterland rural”[28]. Cartagena es “La ciudad a la cual concurren los caminos y las gentes de todas las razas. La ciudad, entonces no se puede entender separada de la tierra que le proporciona comida y materias primas, que le entrega los tributos de los indios y el fruto del trabajo de muchas gentes libres”. Estas reflexiones del autor en torno a la relación del hombre con su tierra, la sociedad y su hogar terrestre en el transcurrir del tiempo, constituyen un aporte importante a las actuales discusiones sobre el futuro de la Región Caribe y sobre el papel de los pueblos alrededor de las grandes aglomeraciones urbanas como Cartagena y Barranquilla. Este trabajo sobre Tubará es un referente obligado para gobernantes, empresarios y sobre todo para las comunidades actuales en su búsqueda de una vida mejor cada vez más alejada de su tierra, asediada por fenómenos económicos y culturales externos que lo han obligado a emigrar a los centros urbanos. De manera premonitoria el autor hace comentarios sobre la necesidad de una recuperación arbórea de Tierradentro, como el primer paso para un proyecto de aseguramiento de agua para sus habitantes, sobre todo por el peligro de un calentamiento global y un aumento demográfico. En sus conferencias a menudo menciona la existencia en la época de la conquista de árboles de hasta 30 metros que constan en los documentos. No solo se utilizaron como combustible, sino que sobre todo para la ciudad de Cartagena que en sus inicios fue construida en madera. A esto se le suma la limpieza de superficies para introducir la ganadería como fuente de proteínas para los españoles y en el siglo XX para la producción de energía eléctrica.

El estudio dedicado al municipio de Juan de Acosta sigue la misma metodología anterior, salvo que en este caso se trata de una comunidad de reciente fundación y de unos antecedentes precolombinos y coloniales de menor importancia. Los habitantes de Juan de Acosta pueden ahora con este trabajo encontrar sus verdaderas raíces en el mestizaje cultural y biológico del período colonial.[29]

Entre 1995 y 2007 se dedica a varias cosas a la vez y sobre diversos temas. La geografía y los geógrafos continúan siendo motivo de lecturas y textos. En el centenario de la muerte del geógrafo español Antonio de Ulloa, escribe unas notas sobre su visita a la Nueva Granada a mediados del siglo XVIII.[30]

A mediados de los años noventa obtiene algunos reconocimientos de instituciones como la Universidad del Norte y la Academia de la Historia de Barranquilla en 1994, luego la Universidad del Atlántico y la Universidad Nacional de Colombia y el 24 de Agosto de 1995 tomó posesión como miembro de número de la Academia de Historia de Colombia, ocasión que aprovechó para destacar en su discurso la obra del general Francisco Javier Vergara y Velasco, quien como el mismo también incursionó como geógrafo en la historia y la cartografía.[31] El trabajo de indagar sobre la vida y la obra de Velasco duró 20 años hasta cuando en el 2006, y gracias a los descendientes de Vergara y Velasco, pudo consultar la biblioteca y el archivo personal del personaje, publicó los resultados en forma de libro, en donde incluye algunos trabajos inéditos de este notable Payanés, quien terminó sus días en tierra atlanticense, cuando al bajar por el Río Magdalena muere en Barranquilla de fiebre Amarilla el 21 de Enero de 1914.[32] Lo que motivó a Blanco para destacar la vida y la obra de Vergara y Velasco fue sacarlo del olvido y recordar que  “ por una causa u otra, en determinados casos quienes utilizaron los trabajos de Vergara y Velasco en sus propias producciones, callaron el nombre de la fuente en la que habían bebido”.[33]

Además del trabajo biográfico sobre Vergara y Velasco, hay en esta fase aun otros tres trabajos sobre los procesos de poblamiento en Colombia, divisiones regionales, trazados y ritos fundacionales durante la época colonial.[34]     

El interés del autor por el archipiélago de San Andrés y Providencia se expresa en tres artículos de los últimos años, dos sobre aspectos netamente geográficos como los fondos marinos y batimetrías y uno sobre un tema histórico relativo a una colonización de puritanos ingleses en la isla de Providencia en el siglo XVII, presentado a fines de año en la Academia Colombiana de la Historia.[35]

Como era su costumbre, el autor se ocupaba de manera paralela de varios temas, dedicándole seguramente un poco de tiempo a cada uno. Tal es el caso de dos textos inéditos que se publican en el primer tomo dedicado a Barranquilla. Entre 1994 y el 2007 estuvo transcribiendo documentos relativos al proceso de la Independencia en la ciudad de Barranquilla encontrados en el Archivo General de la Nación, con los cuales reconstruye lo acontecido en Barranquilla durante la Independencia. De este trabajo nacen dos títulos, uno sobre la toma de Barranquilla por el capitán español Valentín Capmani el 25 de Abril de 1815 durante la reconquista española, un texto muy oportuno para la conmemoración del Bicentenario de la Independencia con el cual los habitantes de Barranquilla podrán recordar este evento con todos los detalles que logra reconstruir el autor.[36] El otro trabajo es de un género casi literario, ya que se trata de los pormenores de la vida de un hombre, animado por su propia iniciativa y decisión, que se convirtió en un interesante personaje de la emancipación de la Costa Atlántica de nombre Blas de Barros, por cierto de la ascendencia del autor por parte de su madre.[37]

En los últimos años, Blanco Barros hizo una breve reflexión sobre el gran acontecimiento de la historia universal que fue la expansión de la Europa cristiana por el mundo, y especialmente en América, en una sesión solemne de la Academia de Historia de Colombia el 10 de Octubre de 2006.[38] En esta conferencia el autor destaca en primer lugar los avances de la cartografía del Nuevo Mundo desde el primer mapa de Juan de la Cosa hasta el de Diego Ribero quien mostró la esfericidad terrestre. A continuación hace una síntesis de los avances relativos a la antigüedad del hombre americano y termina con unas consideraciones sobre lo que el mismo denomina como “encuentro de dos mundos”. El autor intenta al final de su conferencia encontrar un punto de equilibrio entre las conocidas leyendas a favor o en contra del proceso de conquista de las nuevas tierras. El autor coloca en un mismo nivel a los gobernantes, caciques, guerreros, mujeres indias y negras, “en cuyos vientres cuajó el mestizaje y el mulataje de la América morena”, pero al mismo tiempo destaca “a las mujeres españolas que fieles a sus esposos se arriesgaron a una vida diferente, en un lejano mundo que no conocían, y cuya sangre corre también por nuestras venas”. Respecto al papel de la Corona Española en el proceso de conquista, y de manera especial a Isabel de Castilla, Blanco Barros muestra una clara admiración por ella, ya que gracias a su “intuición geopolítica” hizo posible el “encuentro de dos mundos”.

Por estos días, en los cuales nos ocupamos de la edición de esta magnífica obra, el profesor Blanco escribe sobre la parte sur de Tierradentro, para así completar el trabajo iniciado hace varias décadas. Este libro lleva por título El Sur de Tierradentro. Evolución de paisajes físicos y proceso de poblamiento, y estaremos atentos a lo que logre extraer de los archivos y de sus intuiciones históricas.

La presente edición de las obras completas de José Agustín Blanco Barros está compilada en varios tomos y se encuentra organizada por grupo de temas afines, para mayor comprensión del público lector interesado en conocer la geografía y la historia de nuestra ciudad y del paisaje del Departamento del Atlántico.

 El primer tomo lleva por título “Barranquilla”, porque en él se presentan todos los trabajos relacionados con nuestra ciudad. Debe tenerse en cuenta que las perspectivas ofrecidas por el autor en toda su producción académica son diversas: una mirada desde la geografía, desde la historia enriquecida por un acopio sistemático de fuentes documentales y sus  conocimientos de paleografía. Gracias a su seriedad investigativa y vasta producción intelectual, Blanco Barros ocupa un lugar de significativa importancia en la historia del pensamiento geográfico del país y en la historiografía nacional.

Los costeños, particularmente barranquilleros y atlanticenses tenemos una inmensa deuda de gratitud con José A. Blanco, por sus aportes a la comprensión de nuestro pasado y al conocimiento del paisaje tierradentrano –nombre que los españoles dieron- a lo que hoy es el Atlántico.

 Jorge Villalón

Alexander Vega

 

Semana Santa de 2009

 


[1] Colombia marítima. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. No. 59 Año XVI. Bogotá, 1958.

[2] Geoformas colombianas  debido a organismos vivos. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. No. 100 Año XXVI. Bogotá, 1968.

[3] La clasificación climática en Colombia. En: El Correo geográfico. Vol. 1; Nr. 1. Asociación Colombiana de Geógrafos, 1968

[4] DONKIN, R.A. Ambiente y poblamiento precolombinos en el altiplano de Boyacá-Cundinamarca, Colombia.  En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia Nr. 99. Bogotá, 1968.

[5] MOSER, Brian. Et.al. Tribus de Piraparaná. En : Revista Pensamiento y Acción. Tunja: Universidad

Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 1968. También tradujo: Glenn T. Trewartha . Los climas de las

tierras del Pacífico. Lectura para el Departamento de Geografía de la Univ. Nal. de Colombia. Bogotá, 1971;

PARSONS, James. El Poblamiento del Valle del Sinú. Lectura para el Departamento de Geografía de la Univ.

Nacional. de Colombia. Bogotá, 1976 y Las Regiones  Tropicales Americanas. Bogotá: Fondo FEN, 1992.

[6] Investigaciones geográficas de extranjeros en Colombia después de la Segunda Guerra Mundial. En: El Correo Geográfico. Vol. 1; Nr. 2. Tunja, 1970.

[7] El censo del Departamento del Atlántico (Partido de Tierradentro) en 1777. En:

Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. Vol. XXVII, No 104, 1972.

[8] Nota de presentación a “Noticia Historial de la Provincia de Cartagena de las Indias año 1772” de Diego de Peredo. En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Volumen 6 y 7. Santafé de Bogotá, 1972.

[9] Sabanalarga, sus orígenes y su fundación definitiva. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1977.

[10] Santa Ana de Baranoa: de pueblo de indios a parroquia de vecinos libres (1745). En: Divulgaciones Etnológicas, 2ª época. Barranquilla, 1980.

[11] El Norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla. Bogotá: Banco de la República, 1987.

[12] Mujeres en la agricultura colonial del Departamento del Atlántico. En: Revista Studia. Barranquilla: Universidad del Atlántico, 1986.

[13] Algunos aspectos sociales y económicos de la Barranquilla colonial. En: Revista Informativa de la  Cámara del Comercio No. 151. Segundo trimestre. Barranquilla, 1986.

[14] San Nicolás de Tolentino y Majagual. Dos haciendas del siglo XVII en la Provincia de Cartagena (Un tema de localización geográfica). En: Revista Universitas Humanística, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Sociales. Bogotá, 1986.

[15] Véase por ejemplo: VIDAL ORTEGA, Antonino. Cartagena de Indias en la articulación del espacio regional caribe. 1580-1640. La producción agraria. Cádiz: Lebrija Ediciones, 2005. P. 60.

[16] TOVAR ZAMBRANO, Bernardo. La historiografía colonial. En: La historia al final del milenio. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1994. p. 21.

[17] Ibid. P. 69.

[18] CALVO STEVENSON, Haroldo y MEISEL ROCA, Adolfo. (Editores)  Cartagena de Indias y su historia. Cartagena: Banco de la República, 1998; Cartagena de Indias en el siglo XVII. 2007.

[19] El Norte de Tierradentro, p. 255-256.

[20] VERGARA, José R. y BAENA, Fernando. Barranquilla: su pasado y su presente. Barranquilla: Banco Dugand, 1922. Estos autores publicaron tres textos del abogado Domingo Malabet. El más antiguo está fechado el 3 de Octubre de 1876 y consiste en un Informe sobre los terrenos del Distrito de Barranquilla que Malabet rindió al Concejo Municipal (p. 87-98); luego el artículo titulado Fundación de Barranquilla de 1891, del cual solo conocemos la versión de Vergara y Baena (p. 69-87), y finalmente un texto inconcluso sobre la guerra de la Independencia escrito en 1892 (p. 105-109), del cual tampoco se conoce una publicación anterior a la de 1922.

[21] San Luis Beltrán en la historia y en la geografía del Departamento del Atlántico. En: Revista de Ciencias Sociales e Historia, No. 1, Bogotá, 1987.

[22] Antonio de Latorre y Miranda Funcionario poblador en la Provincia de Cartagena y Explorador en los Llanos Orientales. En: Universitas Humanística. Vol. 17. Nr. 29. Bogotá: Universidad Javeriana, 1988.

[23] Parsons, James J. Las regiones tropicales americanas. Una visión geográfica. Traducción de El poblamiento del Valle del Sinú en Colombia.  Cuadernos de Geografía. Bogotá: Uninacional, 1989.

[24] Investigaciones acerca del primer censo en Colombia. En: Revista Colombiana de Estadística. Vls. 27-22. 1990; El censo de Cartagena de Indias en 1777. En: Revista Cuadernos de Geografía. Vol. III. No. 1 de 1991

[25] Atlas histórico Geográfico. Colombia. Archivo General de la Nación. Bogotá: Editorial Norma, 1992.

[26] Estos artículos en orden de aparición son los siguientes: Notas sobre el origen de “Isabel López”  En: Atlántico y Barranquilla en la época colonial. Ediciones Gobernación del Atlántico. Colección Historia. Primera edición. Barranquilla, 1994; Dos colonizaciones del siglo XVIII en la Sierra Nevada de Santa Marta. Transcripciones Paleográficas de José Agustín Blanco Barros. Documentos en busca de investigador. Archivo General de la Nación. Santafé de Bogotá, D.C, 1996; Conquista y Poblamiento de Barranquilla.  y Geografía Física de Barranquilla. Ambos en: Historia General de Barranquilla. Sucesos. Vol 1. Publicaciones de la Academia de Historia de Barranquilla. Primera edición, Febrero de 1997; Los dos Mahates. En: Revista Educación y Humanismo. Nr. 9. Barranquilla: Facultad de Educación, Universidad Simón Bolívar, Junio de 1999; Las dos fundaciones de Sitio Nuevo. En: Boletín de Historia y antigüedades. Nr. 839. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 2007.

[27] Tubará, la encomienda mayor de Tierradentro. Bogotá: Centro Editorial Javeriana, 1995.

[28] Tubará, p. 25 ss.

[29] Juan de Acosta y Saco: Tierra y sociedad. Barranquilla:Ediciones Gobernación del Atlántico, 2007.

[30] Bicentenario de Antonio de Ulloa. En:Revista Credencial. Bogotá, Edición Nr. 91, Noviembre de 1995.

[31] Francisco Javier Vergara y Velasco: Historiador, Geógrafo, Cartógrafo. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia . No. 125 Año 41, Septiembre de 1997.

[32] El general Francisco Javier Vergara y Velasco y sus obras. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 2006.

[33] Ibid. p. 2.

[34] Estos artículos son: La primera división regional de Colombia. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. En: Región y Ordenamiento Territorial. Vol. 45, Nr.133. Bogotá, Octubre de 2001; Fundaciones coloniales y republicanas en Colombia. Normas, trazado y ritos fundacionales. En: Revista Credencial Historia. Edición 141. Bogotá, Septiembre de 2001; La ciencia geográfica en la historia de Colombia. En: Sociedad Geográfica de Colombia. s/f. Dirección Internet: www.sogeocol.edu.co .

[35] Los fondos marinos de San Andrés y Providencia. En:Revista Credencial. Edición 161, Mayo 2003;  Archipiélago de San Andrés y Providencia. Batimetría. En: Sociedad Geográfica de Colombia. s/f. Dirección Internet: www.sogeocol.edu.co; La colonización con puritanos ingleses en la isla de Providencia. Conferencia en Academia Colombiana de Historia, 2008.

[36] Toma de Barranquilla, 25 de Abril de 1815. Serie de documentos transcritos del AGN. Manuscrito inédito, 2007.

[37] Militares del Departamento del Atlántico en la Independencia. Manuscrito inédito, 2007.

[38] El encuentro de dos mundos. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia. No. 835. Año 2006.