Académicos de EE.UU. y España plantean que la era de internet obligará a que estas casas de conocimiento pasen de ser archivos de información a lugares de socialización.

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Por: Angélica María Cuevas Guarnizo

“Para que las bibliotecas tengan sentido en el siglo XXI, debemos superar la ‘biblioteca de información’ (centrada en los archivos y colecciones) y pasar a la ‘biblioteca espacio social’ (centrada en el usuario y el servicio a la comunidad). Ahora que Google ha asumido el papel de los bibliotecarios, estos templos del conocimiento deberían convertirse en puntos de encuentro para que las comunidades no sólo saquen libros y usen internet, sino que además aprendan cómo se abre una cuenta bancaria o se inicia un negocio, discutan los problemas de su barrio o del país, o tomen clases de poesía, teatro o cine. Se necesita una biblioteca que la comunidad sienta propia, y ya hay lugares del mundo donde esto está ocurriendo”.

De esta manera, Enrique Herrera Viedma y Javier López Gijón, profesores de la Universidad de Granada, en España, explican las razones que los motivaron a escribir una carta titulada El papel social de las bibliotecas en la era de la información, publicada en la última edición de la revista Science, con la que pretenden alimentar el debate que en diciembre de 2012 planteó el diario The New York Times sobre el futuro próximo de las bibliotecas del mundo.
En esa ocasión las opiniones de académicos de Harvard como Susan Crawford, profesora de derecho, y Matthew Battles, experto e investigador del Centro Berkman para Internet, se unieron a las del director de la Biblioteca Pública de San Francisco, Luis Herrera. Ellos estuvieron de acuerdo en afirmar que la participación comunitaria en nuevos procesos de educación, cultura y socialización promovidos por las bibliotecas está abriendo el camino para perfilar el futuro de estos espacios.

Además reconocieron que en EE.UU. la transición hacia la “nueva biblioteca” viene dándose desde que éstas se han convertido en el principal lugar de consulta de internet para quienes no tienen acceso en sus hogares, en su mayoría jóvenes negros y latinos, por lo que los bibliotecarios han avanzado en el ofrecimiento de programas de capacitación, incluso informática, para este público. En palabras de Luis Herrera, “las bibliotecas son hoy más relevantes que nunca. Son el lugar para el crecimiento personal y la reinvención, un lugar para la ayuda en la navegación en la era de la información, un lugar de encuentro para la participación cívica y cultural y un lugar de confianza para la preservación de la cultura”.

Estas son también conclusiones reafirmadas por los profesores Herrera Viedma y López Gijón, quienes desde 2004 han adelantado estudios sobre la relación de los ciudadanos con las bibliotecas en España y que ahora, para ilustrar sus hallazgos, van a la historia de finales de 2011, cuando el cierre de la biblioteca pública del barrio Zaidín, en Granada (España), generó un movimiento de indignación vecinal que exigió durante 16 meses su reapertura, a través de mítines y marchas.

Para el ayuntamiento, las paredes llenas de libros sin alquilar habían perdido sentido, pero para los habitantes eran el punto de encuentro cultural y de conversaciones desprevenidas sobre sus familias y su barrio. La presión ciudadana le entregó el lugar a la comunidad, que ahora se encarga de administrarlo. “Para nosotros era evidente que más de un año de lucha por una biblioteca, y por vecinos de todas las edades, tenía que ser por algo más que una biblioteca mero repositorio de información. Los vecinos sentían la biblioteca como suya, como un espacio que les hacía sentir comunidad”.

Pero en Colombia la transición esperada por los académicos cuenta con antecedentes cercanos interesantes. La política de gobierno impulsada en 2006, la cual conformó la Red de Bibliotecas de Medellín (de la que hacen parte 27 bibliotecas y centros de documentación), se consolidó como una iniciativa exitosa de inclusión y desarrollo comunitario que ha sido reconocida a nivel internacional.

El modelo construyó parques bibliotecas en sectores deprimidos de la ciudad y los convirtió en puntos de encuentro para el disfrute de espacios académicos, culturales y comunitarios, logrando una evidente transformación de las dinámicas sociales que rodean el espacio. En 2009, el programa recibió de la Fundación Bill Gates un premio de US$1’000.000 por su uso innovador de la tecnología para promover el desarrollo comunitario. Brasil ha replicado el modelo en algunas ciudades y esta semana se conoció que México está interesado en hacer lo mismo.

Por: Angélica María Cuevas Guarnizo
Diario El Espectador
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