CON JAY RODRÍGUEZ

A propósito de su concierto en Barranquilla en los 30 años de Uninorte F.M. Stereo.

 

Por: Miguel Iriarte

Fue el maestro Adolfo González, sociólogo y gran entendido en músicas del mundo, el primero que mediante unas grabaciones difundidas por Uninorte F.M. Stereo a finales de los años 80s, nos permitió conocer las primeras noticias musicales de un pariente suyo llamado Jay Rodríguez que estaba ya dando qué hacer en importantes escenarios del jazz en Nueva York.

 Una de estas noticias era un tema titulado La Cumbiamba, grabado por la orquesta del percusionista Bobby Sanabria con la presencia del entonces jovencísimo  saxofonista y flautista barranquillero nacido en el barrio El Carmen y criado en Nueva York. Es un tema que encarna una rareza y fascinación especiales porque es una cumbia hecha fundamentalmente con efectos vocales que hacen al tiempo armonías y roles percusivos,  mientras un juego de flautas diferentes va haciendo un  entretejido sonoro que recuerda de alguna forma una celebración ritual indígena. Una cumbia sin la presencia de percusión real considerada hoy como una pequeña joya de nuestra música.

Años después, cuando en 1997 tuve la oportunidad de viajar a Italia al Umbria Jazz Festival que se celebra en la ciudad de Perugia, por azar me encontré en el lobby del Hotel San Gallo a un personaje que se me presentó como músico barranquillero que participaría esa noche en un concierto en el Teatro Turreno con su grupo Groove Collective luego del concierto que presentaría el trío de Martial Solal, Gary Picock y Paul Motian. Y así fue, luego de un trepidante concierto que terminó más allá de la media noche tuvimos, Tony Caballero y yo, la oportunidad de conversar en los camerinos del teatro y de conocer algunos de los integrantes de aquella extraordinaria banda que había puesto a delirar al público durante casi dos horas.

Ahora, a propósito de su nueva presencia en Barranquilla luego de su última visita en 1998 cuando se presentó con el grupo de Chucho Valdés en Barranquijazz, quiero compartir con ustedes algunas ideas y opiniones de este gran músico barranquillero sobre su música, su vida y sus proyectos, en esta entrevista previa al concierto que realizará en la Biblioteca Piloto del Caribe, con el que quiere rendir homenaje a tres grandes amigos ya desaparecidos: a Rafael Salcedo Castañeda, a Adolfo González Henríquez y a su padre Ángel Rodríguez Ortega.

JAY EN LOS 30 DE UNINORTE F.M.

1.- ¿Cuál fue la primera gran experiencia jazzística que tuviste? ¿Cuándo? ¿Con quién?

Fue con Paquito D’Rivera cuando yo tenía 15 años, en 1979. Él me invitó una vez a tocar algunas piezas en un club que ya no existe, que se llamaba Mikells, muy cerca de donde vivía el gran Mario Rivera.  En esa ocasión tocamos Moments Notice, This I dig on you, y alguna cosa más que ya no recuerdo. Allí estaba también participando el gran trombonista Slide Hampton. ¡Wow! Qué noche aquella! Recuerdo que mi padre estaba allí conmigo acompañándome. Después del primer número que interpretamos Paquito se me acercó y me dijo: “Oye, chico, estás tocando por la maseta! Será porque tu papá está aquí, porque tú sabes cómo se ponen los viejos”. Yo creo que él se refería a mi dinámica con Tito, su padre, que era mi maestro y que era fuerte conmigo. Recuerdo también que esa noche después del concierto Mr. Hampton me llevó a su casa… Un gran maestro y una gran persona.

Otra ocasión muy especial para mí fue aquel día en que iba camino a mi audición en el Performing Arts High School de Nueva York. Yo caminaba por la sexta avenida cuando escuché sonar un vibráfono, batería y algo así como dos saxofones. Me acerqué y era un personaje llamado George Braith, el gran saxofonista innovador del instrumento, el que había inventado lo que se llamó el Braithaphone, que era algo así como lo que hizo el gran Roland Kirk, que soldó a su saxo alto otro saxo en quinta, y estaban también mi gran amigo Joe Locke en el vibráfono y mi amiga y colega la baterista Cindy Blackman. Yo estaba tan excitado escuchando aquello que me atreví a preguntarles que si podía tocar alguna cosa con ellos, a lo que me respondieron que sí, y allí me quedé por más de una hora por lo cual llegué tarde a mi audición. En ese tiempo, 1980, en ese conservatorio sólo escogían a 125 estudiantes entre todos los cinco barrios de Nueva York, o sea que aceptaban a muchos menos músicos que ahora.

 

2.¿Cuál consideras tú que son tus más fuertes influencias en términos interpretativos y en términos compositivos?

Yo tengo que decir que de las primeras cosas que yo escuché en la música estaba Alejandro Durán, porque ese era el héroe de mi papá. Pero recuerdo también los discos de la Cumbia Soledeña y todos esos ritmos de nuestra música, como el mapalé, etc. Por otro lado, mis hermanos y hermanos escuchaban todo lo que sonaba de la salsa y la música moderna del momento: el Gran Combo, La Sonora Ponceña, la Fania All Stars, Mongo Santamaria, Los Beatles, Jimi Hendrix, Isaac Hayes, etc. La música popular es tan rica en movimientos rítmicos y armónicos…

Pero recuerdo muy especialmente que a mis ocho años mi maestro Jesús García me prestó un disco de John Coltrane, Giants Steps, y uno de Charlie Parker, y a esos años no recuerdo haber escuchado nada más impactante ni más bello. Y fue también desde ese momento que empecé a escuchar también a músicos como  Stravinsky, Debussy, Bach; y años más tarde empecé a estudiar cuartetos de cuerdas de varios autores y a componer mis primeras cosas. Experiencias que me han servido mucho especialmente para estos años más recientes. Increible.

 3. A estas alturas de tu vida profesional ¿cómo definirías tu estilo, tus concepciones y tus preferencias musicales?

Mi estilo cambia con mi situación musical. Creo que es difícil quedarse en una sola cosa. Uno tiene que contar con las diversas circunstancias en las que vive, y eso se refleja, por ejemplo, en la improvisación cuando hablamos de jazz, palabra que, entre otras cosas, utilizamos mucho pero sobre la que hay que aclarar que no toda la música que tiene improvisación es jazz. No tiene que ser jazz para ser buena y, obviamente para mí, no tiene que tener improvisación para ser jazz. Jazz es una música foklórica que viene de la experiencia negro-americana del blues y el góspel con las armonías de la música europea; y la música clásica de Europa es influenciada a su vez por importantes corrientes de la música de Europa del Este, especialmente de la música de los gitanos que circulaban por toda Europa. Esto es algo que he estado hablando y estudiando últimamente con mi amigo Lelo Nika, un gran conductor de orquesta y acordeonista gitano de Serbia que vive actualmente en Suecia, y con quien estamos trabajando juntos en algunos proyectos especialmente desde el punto de vista de los metalenguajes musicales.

En realidad yo soy un músico con la mente bien abierta. A mí me gusta todo. No tengo preferencias particulares. Yo solo quiero tocar y componer buena música, no solamente Jazz, sino música que toque el espíritu, de cualquier manera.

4.Tú que te mueves tan activamente en tantos conciertos con muy diversas tendencias ¿cómo ves hoy por hoy el movimiento del jazz desde la perspectiva de alguien que vive y trabaja en Nueva York?

El jazz ha estado creciendo mucho en diferentes direcciones debido a tantas y tan diferentes mezclas, pero considero que poco a poco se ha ido olvidando y se ha estado perdiendo el concepto del swing y el blues que es algo fundamental que corre por las venas  de la música de jazz. Cuando yo comencé a improvisar la idea de la educación jazzística no era tan prevalente en las escuelas básicas de los Estados Unidos. Y en las escuelas secundarias tampoco. En la que me tocó estudiar a mí había un fuerte énfasis en lo clásico, cosa que a mí me encantó. Pero lo del jazz era como un secreto, a uno le tocaba investigar por su cuenta o buscarse un buen maestro para aprender tocando.

Por otra parte, creo que a todas estas tendencias les hace falta un poco de concepto, pero es sólo mi opinión. Hoy llaman jazz a todo lo que se improvisa y, como dije anteriormente, eso no es así. Creo que dicen jazz para llamarlo de cualquier manera, para darle un nombre. A Duke Ellington, por ejemplo, no le gustaba el nombre Jazz, y creo que era porque en ese tiempo el jazz no era considerado como música seria. Y por su parte Miles Davis dijo alguna vez en una entrevista que él había dejado de tocar jazz en 1959, después de Kind of Blue. Y lo que yo creo en realidad es que el jazz está evolucionando sin parar con la tecnología y esto era algo que Miles Davis sabía con un gran poder de anticipación; por eso allí están cosas como Bitches Brew y luego el homenaje al boxeador Jack Johnson. Esas fueron cosas que me influyeron fuertemente y dieron origen a experiencias como mi grupo Groove Collective que hace funk, jazz, hip hop, latin, etc. Es decir, todo eso es parte de un nuevo lenguaje, pero con raíces. Y en el caso del jazz la raíz es el blues.

Otro aspecto importante es que me ha tocado vivir en Nueva York en donde uno tiene contacto con tantas leyendas del jazz que mucha gente nunca va a tener la oportunidad de conocer porque el Comercio y el Arte no siempre se llevan bien y hay muchas cosas y personajes importantes que no circulan en los grandes medios de comunicación. Pero al final soy optimista y reconozco que hay un gran futuro por delante para toda nuestra música, que seguramente no nos da lo que queremos pero sí lo que necesitamos. Por eso, gracias Música, nos estás salvando otra vez. ¡Carajo!

5.¿Cuáles son hoy tus proyectos musicales o tus aspiraciones musicales más importantes?

Mis proyectos cambian con mis composiciones. En estos momentos me gusta mucho un trío que tengo con el baterista Victor Jones y el bajista Alex Blake. Pero para mí todo lo que estoy haciendo tiene siempre gran importancia. Por ejemplo, la perspectiva ahora con el concierto que vamos hacer el 6 de septiembre en el auditorio Mario Santo Domingo de La Aduana en Barranquilla con saxofón solo y con el ensamble folclórico del maestro Nacho Nieto me tiene supremamente entusiasmado. Y al mismo tiempo estoy también en el proceso de grabar con un cuarteto maravilloso de cuerdas de Serbia, en Serbia, mis propios cuartetos de cuerda, que es una música completamente nueva. Ese es un cuarteto que conocí en Dinamarca cuando estuve como artista/profesor residente en el Royal Academy of Music. Y por supuesto, el proyecto que ya mencioné con mi amigo Lelo Nika. Otra cosa en la que estoy es en la producción de una línea de trabajo con  hip hop, rap, soul, etc., que es algo que me interesa y me gusta porque me permite aprender y estar al tanto de lo que viene surgiendo de las nuevas generaciones. Además, es que el contacto con los artistas permite mantener el pensamiento vivo e inspirado. Y ando también moviendo las ideas para un proyecto nuevo con mis amigos Henry Fiol y Alfredo de La Fe.

 6.¿Cómo son tus relaciones con la música colombiana?

A mí me encanta mi música colombiana, especialmente Alejo Durán y toda la música con las raíces de la Costa Atlántica… Toto La Momposina, mi tío Juan Candela, que cantó con Pacho Galán y que fue una gran inspiración para mí. Por eso estoy tan emocionado con este viaje a Barranquilla en el que me voy a poder reconectar con mis raíces. Porque creo que Barranquilla es un centro musical fuerte en el mundo. Estoy inspirado y conmovido. Por eso tengo que agradecer a mi familia que siempre me ayudó a recordar y tener presente de dónde era que yo venía. En eso fueron muy importantes los cuentos y leyendas y el lenguaje de nuestra cultura popular. Recuerdo que en 1976 regresé a Barranquilla a visitar a mi familia en mi viejo vecindario del barrio El Carmen y me la pasé jugando bola e’ trapo con mis amigos de aquel verano inolvidable Junior Amor y Wilmer. Recuerdo un palo de almendra que había en la puerta de mi casa y dos palos de coco en el patio, y una batea en la que me bañaba mi abuela Pabla. Todo eso hace parte de una memoria inolvidable. Como aquel verso de Alejo Durán que decía: /allí tengo mi corazón y parte de mi alegría. Todo eso hace parte de mi jazz y de mi blues… todo eso hace parte de mi espíritu… de la lluvia, del sol, de la muerte… del amor, de nuestros sueños y nuestras pesadillas. Y yo pregunto, ¿qué es más jazz que eso? Para mí es como Coltrane, como Lester Young, como Hawkins. Y lo que yo espero es poder contar mis historias y mi emoción con mi saxo, con mi flauta, con mi música…

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