Y ahora es la vida

Esta es la cuarta ocasión en que Manolo Martínez expone en la Galería de la Aduana, y esta ocasión llega en el marco de estos 20 años de trayectoria de nuestra galería.

Si recordamos, la primera vez fueron sus trabajos que se acercaban con asombro creativo al movimiento del mar y a los procesos de los colores del Caribe; su segunda exposición entre nosotros fue aquella titulada Carnaval profundo, una aproximación al universo de nuestra máxima fiesta desde una muy personal manera de conceptualizarla desde un abordaje de lo abstracto;  luego vinieron los Colores del Porro que Martínez puso a sonar de una manera completamente distinta, constituyendo un interesante aporte a los temas de nuestra pintura, que aunque en este caso tengan esa engañosa apariencia cerebral, están fundadas, sin embargo, en lo profundamente emotivo. Son trabajos que representan una manera muy interesante de asumir en la pintura motivos que en el Caribe colombiano están irremediablemente atados a referencias poderosamente situacionales y concretas, altamente sensoriales y emotivas, ancladas en la figuración, y en una muy menor escala en lo conceptual y lo abstracto, que es al terreno en el que ha desarrollado Martínez sus acercamientos a estos temas.

 

Luego de un interregno obscuro en el que se dedicó a la investigación del misterioso mundo de los males de la iglesia y de los pecados de sus altos jerarcas, que dio como resultado su exposición en clave tenebrista titulada muy certeramenteCónclave, que fue expuesta parcialmente también en la galería de la Aduana, Manolo sale a respirar y se asoma de nuevo a la vida a través de un sistema de ventanas más amables en las que los colores y la luz le sirven para argumentar un nuevo momento en su vida y su pintura. Es el trabajo con el que Manolo Martínez vuelve a nuestra sala con una consigna completamente diferente: ¡Y ahora la vida!

 

Sus razones la expresa esta vez de la siguiente manera: “no pretendo ser ‘explicativo’, ni darle una directriz a este trabajo; solamente me permite describir de manera muy personal, la emoción y reflexión de un tema que aborda desde distintas aristas, mi sensación de “estar vivo”.

 

Y sigue diciendo el artista: “En estos momentos, yo izo como bandera de mi obra la emoción humana que me identifica como un ser vivo y  creativo, más allá de una simple disquisición lógica, filosófica, demasiado mental, demasiado cerebral para mí gusto. Aquí simplemente he dejado que el fluir sencillo, la luz, los colores, estructuren el lenguaje de una emoción, de un deseo, de esas cosas inasibles, a las que paradójicamente siempre nos asimos. Como un homenaje a la esperanza, compañera infaltable de toda poesía.  Me interesa mirar hacia el río, el manglar, el mar, los bosques, los atardeceres, los humedales, la mujer, el sol, la luna, las estrellas y  los sueños. Cosas que determinan la vida humana más sencilla, pero también más cierta.

 

Este trabajo, elaborado sobre cajas blancas, cerradas cajas blancas que dejan salir sobre su superficie, el luminoso contenido que encierran dentro de sí:  altares, oraciones, salmos, plegarias; formas que son y serán siempre el refugio silencioso de hombres extraviados”.

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